Barcelona, 3 de agosto del 2021.- Las innovaciones en hardware y software son incesantes en plena época de transformación digital en todos los sectores económicos. Tanto para mejorar la comprensión de la realidad y el equilibrio de la coexistencia con la naturaleza, como para optimizar el tiempo y todo el conocimiento instantáneo al que tenemos acceso. El diario ABC ha informado sobre la supremacía China en la construcción de procesadores para los ordenadores cuánticos. La rivalidad USA/China también es tecnológica:

Google andaba a la cabeza después de proclamar en 2019 que había conseguido la supremacía cuántica, es decir, conseguir que su equipo cuántico realizase una tarea que al mejor superordenador del momento le habría costado años. Sin embargo, esta afirmación no estuvo exenta de polémica y muchas fueron las voces que afirmaron que el logro no era tan disruptivo. Ahora, investigadores chinos afirman que su computadora cuántica de 66 cúbits, Zuchongzhi, puede llevar a cabo un trabajo más complicado y en menos tiempo. Los resultados se han hecho públicos en el sitio de preimpresión  Arxiv, si bien el estudio aún no ha sido revisado por pares. 

El rendimiento de Zuchongzhi es indudablemente impresionante: consiguió terminar una tarea en 70 minutos, muy por debajo de los ocho años que tardaría el mejor ordenador clásico hasta la fecha, según afirman los autores. Es por ello que el ordenador chino puede reclamar la ansiada supremacía cuántica. «Nuestro trabajo establece una ventaja computacional cuántica inequívoca que es inviable para la computación clásica en una cantidad de tiempo razonable -explican los investigadores de la Universidad de Ciencia y Tecnología de China-. La plataforma de computación cuántica programable y de alta precisión abre una nueva puerta para explorar nuevos fenómenos de muchos cuerpos e implementar algoritmos cuánticos complejos».

Los cúbits, o bits cuánticos, tienen una ventaja sobre los bits de la computación clásica: pueden ser 1 y 0 a la vez, lo que aumenta exponencialmente sus aplicaciones. Sin embargo, estos sistemas aún son muy inestables, pudiendo funcionar correctamente a penas unos segundos en condiciones muy limitadas de bajas temperaturas y presiones. Sin embargo, cada vez se está consiguiendo ampliar el número de cúbits disponibles. En esta investigación en particular, Zuchongzhi utilizó 56 qubits (de los 66 disponibles, una docena más que en el experimento de Google) para abordar un problema informático muy complejo para las máquinas clásicas: muestrear la distribución de salida de circuitos cuánticos aleatorios.

Los autores afirman que la tarea era de 100 a 1.000 veces más complicada que la que llevó a cabo Sycamore, el procesador de Google de 54 cúbits y una de las computadoras cuánticas de referencia. Sin embargo, entre ambos equipos existen diferencias: mientras que Google basa su tecnología en electrones y cúbits superconductores, Zuchongzhi usa circuitos ópticos y fotones para administrar y procesar sus cúbits. Esto hace que sea complicado comparar ambos equipos y sus resultados. Pero también tienen algo en común: ambos fueron creados para realizar una tarea específica y demostrar la supremacía cuántica. 

«El experimento de este estudio trata de una tarea creada ‘ad hoc’ para demostrar la supremacía cuántica. Igual que el experimento de Google, pero mejorado», explica a ABC Antonio Acín, físico teórico e investigador de Icrea, en el ICFO, Institut de Ciències Fotòniques. «Son pasos muy interesantes de cara a tener un ordenador cuántico funcional, pero lo realmente interesante será poder reducir el ‘ruido’ de los sistemas y conseguir eliminar errores», apunta. 

Al respecto, esta misma semana  Google publicaba un estudio en la revista ‘Nature’ en el que demostraba cómo añadiendo más cúbits físicos al sistema se podrían reducir errores gracias a la redundancia, un concepto teórico que aún no se había demostrado de forma práctica. «Todos estos experimentos tienen mucha relevancia y van en la dirección correcta, pero aún queda tiempo para que podamos ver aplicaciones reales», afirma Acín, cuyo equipo trabaja en entender cómo procesar la información almacenada en cúbits para mejorar comunicación y los ordenadores actuales.

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